23.11.09

LA RECUPERACIÓN YA ESTÁ AHÍ

21.11.09

MÁS BLUES

Clapton es Dios:



Y Zappa es... tan inmensamente grande, que no pensé en él como lo que es, un bluesman. Inconmensurable, homérico:

BLUES GUITARS

No habría sido justo colaros la anterior entrada sin acompañarla con ésta.

Rory, ya mayorcito; una canción dedicada a Alexis Korner, abuelo del blues inglés.



Y como siento debilidad por él, otra del irlandés. Puedo llorar escuchando esa intro.



Duane y los Allman Bros. con un clasicazo de Blind Willie Mc Tell, Statesboro blues



Una cortita de Mike Bloomfield, para meterla en una cajita de música y despertarse con ella todas las mañanas:



Las dos caras de Stevie...

La rápida


Y la lenta ;)


Y, en fin, por si alguien todavía no lo conoce, el duelo de guitarras de la película Crossroads. Steve Vai es el angel caido y Ry Cooder defiende su alma.

LOS CELOS DE MANO LENTA

Estoy leyendo una autobiografía de Eric Clapton y es toda una inmersión en la historia del blues a través de los personajes con los que el viejo Slowhand trató en algún momento de su vida: su encuentro con Sonny Boy Williamson, que le enseñó su navaja cuando osó preguntarle si él, en realidad, no se llamaba Rice Miller; Ginger Baker al volante, luchando contra sus demonios e intentando decidir si tener a Eric en Cream merecía el esfuerzo de tragarse de nuevo a Jack Bruce; John Mayall presumiendo de torso ante una panda de jocosos bluesbreakers adolescentes... E.C. es un tipo amable y tiene buenas palabras para todos ellos dichas con sinceridad; es tan honesto que incluso confiesa sus celos hacia otros músicos, como los Beatles o los Stones o la Paul Butterfield Blues Band en algún momento de su vida, y tan modesto que zanja cuestiones como su rivalidad con Jeff Beck o Jimmy Page diciendo que, en realidad, no cabía comparación posible entre ellos, porque Jeff y Jimmy venían de la tradición más country y él de la del blues.

Sucede sin embargo que hay silencios más elocuentes que mil palabras, y tenemos un amigo y yo la sospecha de que los insospechados silencios de Clapton guardan el secreto de sus celos hacia los otros dos grandes guitarristas blancos de blues que hubiesen podido aguantarle un pulso a Dios sin que les temblase la mano, y lo habrían puesto en aprietos: Rory Gallgher y Mike Bloomfield.

A Rory ni siquiera lo menciona, y es llamativo que sea así en una crónica que no deja de citar a la crema de la crema del blues y, en especial, del blues y británico: Alexis, Mayall, Cyrill Davies, Georgie Fame, Jimmy Page, Jeff, Mick Jagger, etc. Resulta increíble pensar que Eric no hubiese oído hablar de Rory ni le hubiese escuchado y, de haber sido así, que su fino instinto a la hora de saber cuando un bluesman estaba en la pomada no le hubiese gritado en las narices que el irlandés era un guitarrista excepcional capaz de disputarle el Olimpo.

De Bloomfield sólo habla de pasada, y todavía se le ve más el plumero. Confiesa que del panorama bluesero de la costa oeste estadounidense sólo le impresionaba, y mucho, la Paul Butterfield Blues Band, en la que Bloomfield (le cita) jugaba un papel destacado. Luego habla de la banda de Dylan cuando Mike estaba con Bob como guitarrista, y dice que Dylan tenía una banda fuera de serie, pero ni siquiera menciona que Mike era el guitarrista de esa banda: reveladora omisión tratándose de un guitarra.

Así, la modestia y la generosidad de Clapton flaquean cuando se trata de reconocer a sus dos grandes "rivales" blancos en la guitarra de blues. Hay un tercero, pero demasiado famoso como para que Mano Lenta le hubiese escatimado los muchos piropos que le echa: Stevie Ray Vaughan.

16.11.09

LA FORTALEZA SINDICAL

El sistema sindical se organizó en España, en los albores de la actual etapa constitucional, sobre la premisa de que aquella era una institución necesitada en nuestro país de una especial protección como consecuencia de las peculiares circunstancias históricas anteriores a la Constitución de 1978. Tras cuarenta años de dictadura y proscripción de la libertad sindical, efectivamente, la memoria de la tradición sindical española quedaba tan lejos que la reanudación del sindicalismo libre suponía, más bien, un nuevo inicio desde cero.

El sistema sindical entonces parido por nuestros legisladores quiso favorecer a los sindicatos y ayudarles a recuperar el tiempo perdido, y confirió a los sindicatos importantísimas funciones institucionales que maquillasen su falta de arraigo y les permitiesen consolidarse en un panorama social que se suponía adverso. Nuestro sistema combatía la falta de implantación de los sindicatos y el peligro reaccionario frente a la libertad sindical -peligro, por otra parte, ya entonces visiblemente infundado- otorgandando a los sindicatos facultades exorbitantes en comparación con su implantación social.

Fruto del proteccionismo constitucional fueron el -discutidísimo- reparto del patrimonio histórico sindical, la participación institucional (que alcanza, por ejemplo, a centros de poder socioeconómico tan importantes como las Cajas de Ahorro), la asignación de subvenciones estatales para el ejercicio de su actividad y, sobre todo, la polarización de la vida sindical española en torno a los llamados sindicatos más representativos, que alcanzaban esa condición según un criterio de audiencia electoral en lugar de hacerlo según su número de afiliados.

La fortaleza de un sindicato, en España, no se corresponde con la fortaleza real, es decir, con su número de afiliados, sino con el número de representantes que hayan obtenido en las elecciones sindicales, es decir, con una ficción jurídica. Si la esencia del movimiento sindical es tener una base social sólida, visible en un considerable número de afiliados entre la población activa, la característica fundamental de los sindicatos españoles es, precisamente, carecer de ella, y esa debilidad esencial de nuestro sistema se camufla bajo la simulación de la mayor representatividad.

En resumidas cuentas, los sindicatos, y especialmente los más representativos, dependen de los votos (de un porcentaje de votos, tanto se hayan emitido 10 como 10 millones de ellos) y no de los afiliados para consolidar su poder: a mayor porcentaje de votos, más dinero recibirán de las arcas públicas, y mayor participación tendrán en las instituciones. Con ello, como es evidente, la función social y la función política de los sindicatos se entremezclan como la miel y el café caliente, y los sindicatos parecen más un desdoblamiento de los partidos políticos que una institución primordialmente caracterizada por su función social, especial y única.

La gran asignatura pendiente de los sindicatos en esta etapa constitucional es la mayor conexión con la base trabajadora que constituye -o así debería ser- su elemento fundamental. En más de treinta años de democracia, los sindicatos han sido incapaces de incrementar su afiliación; continúan siendo completamente dependientes de la ayuda estatal y han sido incapaces de imbricar sus intereses con los de la sociedad trabajadora, quizá porque ambos intereses no son de la misma naturaleza y, frente al interés real de los trabajadores, los sindicatos andan más interesados en consolidar esa fortaleza ideal que les llega, sin tapujos, por la vía de la subvención.

En cierto modo, los sindicatos se han convertido en instituciones cuyo objeto principal parece ser perpetuarse, consolidar sus mal ganadas posiciones de dominio y hacer dejación de su principal obligación: defender los intereses generales del conjunto de trabajadores; así lo piensa la mayoría de la población trabajadora, que sigue sin afiliarse, en primer término, porque los sindicatos no han sabido ganarse su confianza, ni han sabido convertirse en sus representantes (escudados en ese malabarismo de la mayor representatividad) ni la gente los siente como tales.

En la tesitura actual, con una crisis económica interna galopante y el gobierno de Rodríguez Zapatero, parece que la docilidad de los sindicatos (que ellos llaman ejercicio de responsabilidad frente a la crisis) va a recibir una nueva recompensa en forma de reconocimiento estatal. En el último Congreso de Trabajadores del Metal de la UGT, celebrado en Pamplona, el presidente del gobierno, emocionado ("Os aseguro que nunca se me va a olvidar"), prometía dotar de mayor representatividad a las fuerzas sindicales, con lo que la ficción continúa. Es de presumir, lamentablemente, que los sindicatos no empleen esa potencia adicional que les proporciona el gobierno amigo (el único amigo que tienen) para procurar las condiciones en que los trabajadores, por una vez, podamos sentir los sindicatos como algo nuestro.

14.11.09

ENCINA EN TUS

Los árboles le dan movimiento a la historia. Guardan en un nudo la nevada de otro siglo, en otro las correrías de un bandolero románticamente atrapado por la causa de la Independencia... Reconocemos la llegada al valle del primer motor de explosión, cosechas buenas y malas, amoríos que se retuercen, navíos de tres palos maniobrando en los surcos de la corteza. Dichas y sinsabores quedaron dibujados en la torsión de la madera, en la retorcida orografía de sus ramas, creciendo con el impulso de la savia en las venas de fusta, como serpientes a cámara lenta.

Así ha crecido este dibujo, que dibuja una historia de canciones, de aromas de café, de viajes en tren, de juegos infantiles... Una encina.

Encina
Tinta, 23x27 cm.
Ismo, 2009

7.11.09

DISPERSO EN EL CAFÉ

Cuando te despiertas y el sueño queda, el tiempo se diluye en el humo del café, que captura la materia alrededor y la empuja por el tobogán del pasado. Entre las volutas de tabaco, el tiempo agujereado marca los caminos de tu viaje, la geografía de tu sueño. En los vasos comunicantes del recuerdo reconstruyes tu propia memoria a imagen y semejanza de lo que quiso ser, y ves, en la imagen del deseo, la respiración del suelo del verano indio, la fina llovizna, el esqueleto de los abedules. Y en el vapor del café te dispersas y te encuentras, y te reconstruyes cada mañana.

3.11.09

CON PERDÓN DE LAS DAMAS!

Las cosas deben andar peor de lo que pensamos si 300 personajes del mundillo de la cultura española han hecho público un manifiesto en el que aconsejan al gobierno otra política y otros valores para salir de la crisis, pero lo que sorprende, precisamente, es que sean ahora estos personajes destinatarios de subvenciones y prebendas los que vengan a enmendarle la plana al gobierno y, de paso, a darnos lecciones a todos sobre lo que es el progresismo político.

La lista de firmantes no tiene desperdicio: Miguel Ríos, Joaquín Sabina, Juan Echanove, Ramoncín, Ismael Serrano, Pedro Guerra,..., es decir, una larga lista de tipos que llevan años y años viviendo del cuento a costa de la promoción y subvención pública con que las instituciones han remunerado generosamente su activa participación en la propaganda "progre", sus manifiestos pacifistas (Afganistán, recordemos, es una misión de paz) y su constante sometimiento a las necesidades políticas del gobierno.

Mucha de la gentuza que ha firmado ese manifiesto, paradójicamente en nombre de la cultura, es la culpable, precisamente, de que nuestra cultura haya caido en manos de la política y de que muchos como yo consideremos que nuestra cultura es algo corrupto. Que un acaparador de dinero institucional (el nuestro) como Sabina venga ahora a hablarnos de solidaridad (para mí, como cuando venía antes) es digno de la mayor repulsa. Joaquinito se puede ir a otro con esos cuentos: que se lo cuente a Leire Pajín (otra solidaria a cuenta del Presupuesto), y que escriban un informe, que lo saquen por triplicado, y que me manden un ejemplar, que lo leeré uno de estos siglos, en algún rato muerto entre una manifestación por la Paz y otra por la Cultura.

Entretanto, los sindicatos (mira por dónde) han encontrado la ocasión para levantar su voz contra una situación en la que varios millones de trabajadores se pasean por las colas del paro.

Y digo yo que la Cultura de este país, visto lo visto, no iba a perder gran cosa si no se destinase a Cultura ni un maldito duro, y que la protección de los trabajadores tampoco iba a sufrir un gran impacto si los paniaguados de los sindicatos se dedicasen, de una maldita vez, a subvencionarse con las aportaciones de los afiliados, y dejasen de mamar de los impuestos que pagamos.

Así que me apunto todo esto en el blog porque conviene recordar quién es esta gente que firma manifiestos por el progresismo político, porque si no, quién sabe, si ahora Largo Caballero es un paladín de la democracia, quizá dentro de un par de años alguien quiera convencernos de que Joaquin Sabina es, no sé,..., el Dalai Lama.

En cuanto al petitum del manifiesto, lo único que puedo decir es que se equivocan; lo que España necesita no es progresismo, sino democracia.

Para Gualterio, por su entrega incondicional al FNLJ

29.10.09

RENFE

Las últimas semanas he tenido que viajar a Valencia y, cándidamente confiado en la lenta pero inexorable mejora de nuestros ferrocarriles, lo he hecho en tren. Me las prometía muy felices: alta velocidad; ya me veía cabalgando a lomos de un impulso eléctrico hasta la ciudad del Turia... Pero no. La primera semana mi tren de ida acumuló un retraso de 20 minutos, y el de vuelta, que debía llegar a la estación de Alicante a las 22.40 (hora programada), lo hizo a las 23.40 o, como me informó el encargado de Atención al Cliente, con 40 minutos de retraso, que es la cantidad de minutos que Renfe estima que caben entre las 22.40 y las 23.40.

Esta semana he repetido la odisea. A la ida ha llegado puntual: debía llegar a las 17.05 y lo ha hecho a las 17.20. El de vuelta estaba programado para las 22.40, y ha llegado a las 22.55.

Por el billete de ida y vuelta me clavan 40 euros en clase turista. Cuando fui a reclamar el retraso de 1 hora la semana pasada la contestación de Renfe fue que ellos sólo indemnizan por los retrasos que se produzcan por causa de Renfe, y no por los debidos a caso fortuito, como era el caso, ya que la tardanza se debía a que en Barcelona había llovido.

En definitiva, entre los dos días yo debería haber pasado un máximo de 7 horas en los trenes, y he pasado la friolera de 8 horas y 50 minutos. Según Renfe, eso es algo normal; que tarde en 4 viajes lo que durarían 5 es normal.

Para colmo, hoy se me ha ocurrido bajar en coche a la estación y dejarlo en el parking, porque así tardo sólo 20 minutos en llegar desde mi casa a la estación, y en transporte público tardo más del doble. Resultado: 20 euros de parking. Por supuesto Renfe no ha previsto la posibilidad de conceder aparcamiento gratuito a los usuarios por el tiempo de más que su coche ha tenido que pasar en el parking de la estación debido a los retrasos.

Total, que me siento orgulloso de vivir en un país de la Comunidad Europea y, en las próximas elecciones, voy a ir perdiendo el culo a votar para preservar este sistema que tanto cuida del ciudadano, y a vitorear a toda esa gentuza (los políticos, sin excepción) cuando me hablen de cosas como responsabilidad ciudadana.

¿Sabéis que os digo? Pues, con perdón de las damas, que la chupen, que la sigan chupando.

24.10.09

BOSQUE EN TUS


Es un bosque de cigarras, de piñas mordisqueadas por las ardillas, un bosque de sombras luminosas y claros cegadores, sesteante en los dormideros de los ciervos y apenas húmedo en los revolcaderos de los jabalíes, un bosque de piedra resquebrajada, un suelo de ramas quebradizas que delatan los pasos del extraño. Un bosque nuevo para un sueño antiguo.
Bosque
Tinta, 15,5x26,5 cm.
Ismo, 2009


Momento musical (no he encontrado una versión mejor, cof, cof,...)